¿Quién fue María Parado de Bellido?

Heroína de la Independencia

 

Pocas son las informaciones que se tienen sobre la mayoría de héroes populares, tantas veces anónimos. Ejemplos de ellos, son entre muchos otros, la trayectoria biográfica de José Olaya y María Parado de Bellido. De ella se dirá que es casi una desconocida.

De la heroína patriota se sabe que nació en Huamanga para ser mas exactos en el Distrito de Paras, que hoy corresponde a la provincia de Cangallo, probablemente en la década de los años 1760, y que se casó, a la edad de 15 años, a fines de los años 1770, con Mariano Bellido (hombre de negocios entre Huamanga, Cusco y La Paz). Tuvo siete hijos (Gregoria, Andrea, Mariano, Tomás, María, Leandra y Bartola). Desde 1820 colaboraron con las fuerzas patriotas.

Como ella no sabía escribir, le dictaba a un amigo de confianza llamado Madrid, las cartas que remitía a su marido con la finalidad de informarles, a su esposo e hijo, de los movimientos del enemigo y para advertirle al patriota Quiroz sobre los planes del ejército español. Así, por ejemplo, los patriotas pudieron abandonar el pueblo de Quilcamachay, el 29 de marzo de 1822; al día siguiente el pueblo fue ocupado por los realistas, y allí se encontró una de esas misivas. Apresada la patriota el 30 de marzo, fue conminada a delatar a sus colaboradores. Pero ella se mantuvo en heroico silencio. Finalmente, el general realista Carratalá la mandó fusilar en abril de 1822. A pesar de la parquedad de los datos biográficos, su fama se ha extendido más allá de su tierra natal. Leamos lo que ha escrito sobre ella el famoso escritor norteamericano Carleton Beals en su libro "Fuego en los Andes":

"Entre todas las ciudades peruanas destaca Ayacucho, que produjo un grupo notable de mujeres que destacaron no sólo en las letras del tiempo colonial, sino también por su valor, entre ellas Venturia Cealamaqui, Pallchamascachi Ttica, María Parado de Bellido. Madre de hijos que luchaban por la causa de los patriotas, María Parado de Bellido prefirió marchas al patibulo antes que traicionar el secreto de los insurgentes. Después de haber sido paseada por las cuatro esquinas de la plaza pública donde debía llevarse a cabo su ejecución y leída que le fue en voz alta la sentencia que la condenaba a muerte, la noble mujer dijo, dirigiéndose altivamente a sus verdugos: "No estoy aquí para informar a ustedes, sino para sacrificarme por la causa de la libertad".

 




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